Los ataques en París son obra del Islam y el debut del fin de la humanidad.

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La carnicería que acaba de azotar París  es una de las mayores matanzas de la historia. La  cifra provisional es de 130 muertos y más de 352 heridos, cientos en estado crítico. Este no es un “acto de guerra del Estado Islámico contra Francia”  como le gusta proclamar al Primer Ministro de Francia  Manuel  Valls, ni tampoco es un crimen contra la humanidad como dice Obama.  Es obra del Islam que marca el principio del fin de nuestra humanidad.

Nuestra posibilidad de supervivencia está más que nunca comprometida, pero hay una pequeña posibilidad de salvarnos erradicando el Islam de la faz de la tierra. Mientras sigamos siendo unos  ingenuos, no habrá posibilidad de salvarnos.

El problema no es la llamada radicalización ‘de algunos musulmanes’, sino es el propio Corán, que inculca el odio y la deshumanización. Es la peor droga que hay.

Los musulmanes ‘radicales’ son buenos musulmanes literales. Aplican fiel y escrupulosamente la hoja de ruta mahometana, y se alimentan principalmente de los preceptos del Corán, y no del Mahabharata…

Estos musulmanes ‘radicales’ de ninguna manera pervierten Islam, en contra de la creencia popular. Sería como decir que  los consumidores de heroína ‘tergiversan los efectos de la droga’.

Intentar disociar el radicalismo del Islam no es un error. Es un crimen.

El Islam es -en sí mismo- radical y extremista. Nunca calma las pasiones violentas y criminales de sus adeptos. Empuja al crimen. Hoy en día,  en lugar de abordar la raíz del mal, que está haciendo metástasis en toda la humanidad, buscamos  ‘salvarnos del mal’.

No hay Islam sin radicalismo.

Más que cualquier otra doctrina, ya sea política o religiosa, el islam se distingue por su rigidez extrema y ultra-dogmática. No existe posibilidad de que sus seguidores siquiera discutan la interpretación de sus mandamientos.  Están obligados a obedecer ciegamente, sin medir las consecuencias de sus acciones ni sobre ellos ni sobre los demás. Se supone que se guían ‘por una fuerza superior’, dueña de su voluntad y de sus vidas.

Para luchar contra el radicalismo, simplemente debemos prohibir el Corán y por lo tanto el Islam

Los musulmanes (llamados por pura conveniencia mediática “radicales”) son, por definición, los que van a disparar sin hacer preguntas, desprovistos de cualquier sentimiento humano, experimentando  delirios alucinatorios  megalomaniacos. Para luchar contra el radicalismo, simplemente se debe prohibir el Corán y por lo tanto el Islam.


La humanidad no puede asegurar su propia supervivencia si continúa negando lo evidente  y ocultando la culpa del Islam.

El gusano se encuentra en la propia fruta musulmana. Si muchos musulmanes están en el camino del terrorismo, no llegaron allí por arte de magia, o por alguna predisposición nihilista, o algún  impulso suicida. Están ahí porque están psicológica e ideológicamente condicionados por el adoctrinamiento religioso, extraído del Corán.

A los sujetos débiles y mentalmente  inmaduros, el Corán es el  catalizador que les proporciona sensaciones de poder e invencibilidad.

Cuanto más se intoxican (con la ideología), más se convencen  de que son invulnerables y que les impulsa  una fuerza indescriptible que les hace perder contacto con la realidad, y pierden el amor a la vida  de cualquier persona normalmente sana.

El Corán actúa en ellos como un producto de dopaje tomado por un deportista para mejorar su rendimiento físico, sin preocuparse de los efectos secundarios en el cuerpo – a veces fatales. Solo que en este ​​dopaje intensivo a base de suras coránicas,  el cerebro del usuario (que se encuentra particularmente dañado)  aniquila toda opción de reflexión y pensamiento.

Para luchar contra el fuego que amenaza con consumir todo a su paso, no tenemos que perder el tiempo mirando la intensidad o color del humo. Debemos privar al fuego de los elementos que lo mantienen encendido.

 

Del mismo modo, para luchar eficazmente contra la creciente amenaza del radicalismo islámico, el Islam debe ser aislado. Ésta es la causa principal de intoxicación neuropsicológica por un número cada vez creciente de sus fieles consumidores. Cualquier otro método de combate es ficción, producto de la imaginación, o truco semántico para confundir al público.

Lo que Francia ha vivido en este décimo primer mes – y que no se termina con las celebraciones de fin de año – es una muestra del apocalipsis mundial cuyo guión se esta llevando a cabo en Siria e Irak con la pasividad de la Casa Blanca, y la complicidad activa del trío diabólico:  Turquía-Qatar y Arabia Saudita.

¿Para quiénes operan los terroristas y quiénes son los verdaderos jefes-titiriteros?

Es de ingenuos pensar que el Estado islámico sea una necrosis aparecida en el mundo musulmán de forma inexplicable e inesperada. El Islam es la savia ideológica del Estado islámico, pero tampoco es menos cierto que hay ‘sopladores’  que avivan esas brasas.

Articulo de © Salem Ben Ammar en  Dreuz.info
Traducción y Edición: Medios de prensa Alternativos.cl

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